jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Se cree que soy pelotudo?

Por José Playo

Frente al escritorio, se llevó los dedos en punta hacia la sien y dio los buenos días. Del otro lado de la mesa, meciéndose con ansiedad en una silla, el hombre de bigotes lo estudiaba a la espera del parte.
—Buenas tardes, mi capitán —saludó.
Al capitán le picaban los huevos, hacía mucho calor en la habitación, pero debía mantener las formas: su rango le quitaba toda posibilidad de andar pellizcándose las pelotas frente a los subordinados.
—Corte la formalidad y vaya al grano, soldado, que no me aguanto la calor.
El que estaba de pie puso los brazos paralelos al cuerpo y golpeó los tacos antes de distender la postura.
—Tenemos los primeros resultados. La droga funcionó a la perfección.
El capitán se peinó fugazmente un lado del bigote y sonrió con regocijo.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Hoy temprano

Por Pedro Mairal

Salimos temprano. Papá tiene un Peugeot 404 bordó, recién comprado. Yo me trepo a la luneta trasera y me acuesto ahí a lo largo. Voy cómodo. Me gusta quedarme contra el vidrio de atrás porque puedo dormir. Siempre estoy contento de ir a pasar el fin de semana a la quinta, porque en el departamento del centro, durante la semana, lo único que hago es patear una pelota de tenis en el patio del pozo de aire y luz que está sobre el garaje, un patio entre cuatro paredes medianeras altísimas y sucias por el hollín de los incineradores. Si miro para arriba, en ese patio parece que estuviera adentro de una chimenea; si grito, el grito apenas sube pero no llega hasta el cuadrado de cielo. El viaje a la quinta me saca de ese pozo.

martes, 11 de septiembre de 2012

El amor de los metalampos

Por Hernán Casciari

Hace muchísimo tiempo, en un planeta que no era éste pero se le parecía un poco en el contorno de la circunferencia, hubo una raza superior a todas las que habitaron el Universo en cualquier época y en cualquier rincón. Eran bellos, inteligentes, generosos, compasivos, valientes y suaves al tacto. En su apogeo como civilización, lograron construir una sociedad perfecta: en su mundo no existía el hambre, ni el trabajo aburrido, ni los abogados, ni la enfermedad, ni la democracia. Se llamaban los metalampos.

Tal era la sabiduría natural de estos seres, que cualquiera de las grandes mentes conocidas de nuestra civilización (pongamos un Einstein, un Da Vinci, un Sócrates) en el mundo metalampo hubiera tenido que ganarse la vida como empleada doméstica o guionista de televisión.

Pero comencemos por ubicarlos en el tiempo.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Algo muy grave va a suceder en este pueblo

Por Gabriel García Márquez

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:


-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:


-Te apuesto un peso a que no la haces.


Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:


-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.


viernes, 7 de septiembre de 2012

Marc, la sucia rata

Por Jose Sbarra

MARC Y EL POLICIA

-Marc, sucia rata, ese brillo extraño que veo en sus ojos me confirma que usted se ha drogado.
-Oficial, me decepciona, usted dice "este joven se ha drogado", y cierra su mente como si fuera
una caja metálica.
-O sea que es verdad. Efectivamente es adicto a las drogas.
-Todos somos adictos a algo en este país. Usted es adicto a su uniforme. Sin él se siente nada.
Tiene que aprender a controlarse, oficial, si no algún día va a morir de sobre dosis.
-¿Qué dice?
-Sobredosis de uniforme, oficial, se han dado casos terribles.


miércoles, 22 de agosto de 2012

22/08/2012 - Cuentos de Enrique Anderson Imbert

Por Enrique Anderson Imbert

El Suicida

Al pie de la Biblia abierta -donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo- alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Después bebió el veneno y se acostó.
Nada. A la hora se levantó y miró el frasco. Sí, era el veneno.
¡Estaba tan seguro! Recargó la dosis y bebió otro vaso. Se acostó de nuevo. Otra hora. No moría. Entonces disparó su revólver contra la sien. ¿Qué broma era ésa? Alguien -¿pero quién, cuándo?- alguien le había cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Disparó contra la sien las otras cuatro balas. Inútil. Cerró la Biblia, recogió las cartas y salió del cuarto en momentos en que el dueño del hotel, mucamos y curiosos acudían alarmados por el estruendo de los cinco estampidos.

martes, 5 de junio de 2012

05/06/2012 - La Paloma

Por Patrick Süskind

Tuvo un susto de muerte... así habría descrito con posterioridad el momento, pero sin ser exacto, porque el susto llegó después. Experimentó más bien un asombro de muerte.Durante cinco o diez segundos tal vez –a él se le antojó una eternidad- permaneció con la mano en el pomo y el pie levantado, como congelado sobre elumbral de su puerta, sin poder retroceder ni avanzar. Entonces se produjo un pequeño movimiento.